Mensajes, historias o anécdotas de vida que nos ayudan a nuestro crecimiento personal y espiritual, compartidas en grupos de WhatsApp por nuestro hermano Abdiel.


Haz bien, Señor, a los que son buenos, a los de recto corazón.

Salmo 125:4

Hace años, los músicos observaron que los mensajeros de un sector de Londres silbaban todos melodías desafinadas mientras iban de aquí para allá. Esto se comentó y alguien sugirió que era porque las campanas de Westminster estaban un tanto fuera de tono. Algo había pasado con las campanadas, que ahora sonaban desafinadas. Los muchachos no lo sabían, e inconscientemente habían copiado la tonada.

Solemos copiar cosas de las personas con las que estamos, o tomamos prestadas ideas de los libros que leemos o de los programas que vemos y escuchamos, casi sin saberlo. Dios nos ha dado su Palabra, que es el tono afinado para la vida. Si aprendemos a vivir en sintonía con este sonido, detectaremos enseguida todo lo que desafine a nuestro alrededor.

Estar en sintonía con Dios y con los demás creyentes es crear la música más bella de todas. Cuando vea que está desafinando, regrese a la Palabra. Dios afinará su corazón.
Jesús es el Rey.


Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.

Romanos 12:18

Los padres de Elizabeth Barrett Browning estaban tan disgustados con el esposo que ella había elegido, Robert Browning, que la desheredaron. Durante diez años Elizabeth escribió cartas de amor a sus padres buscando reconciliarse con ellos, pero nunca obtuvo respuesta. Entonces un día llegó una caja por correo de parte de sus padres. Ella la abrió con gran entusiasmo. Adentro encontró todas sus cartas sin abrir.

Hoy conocemos las cartas de amor de Elizabeth Browning como parte de lo más bello en la literatura clásica inglesa. Habrían sido más famosas todavía si hubieran causado la reconciliación con sus padres, como tanto deseaba ella. Sobre la base de la experiencia de Elizabeth, alguno podría decir: «¿Ves? ¿De qué sirve? Tanto trabajo sin resultado alguno». Pero si de los cientos de cartas sus padres hubiesen leído tan solo una, y esto hubiera sanado la relación entre la hija y los padres, todo su esfuerzo se habría visto recompensado.

No es fácil restaurar las relaciones. Hace falta morir al propio ser, obedecer a Dios y amar a los demás, así como Cristo nos lo mostró cuando nos reconcilió con el Padre. Sea como Cristo hoy, y restaure un amor perdido.

Nadie diría que la reconciliación es cosa fácil… pero sí es deseable, posible y mucho más gozosa que la falta de reconciliación.
Jesús es el Rey.


Cuentan los indígenas de América del Norte que un guerrero encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de un urogallo, ave gallinácea de aquel continente. El aguilucho salió del cascarón con una nidada de polluelos y se crió con ellos. Toda su vida el águila, convencida de que era un urogallo, siguió las costumbres de los urogallos. Escarbó en la tierra en busca de semillas y de insectos para comer, y en la época del celo daba gritos roncos que se parecían al mugido del toro. No llegó a volar a más de un metro de altura. ¿Acaso no volaban así todos los urogallos?
Pasaron los años y envejeció el águila. Un día vio un ave espléndida que volaba en las alturas del cielo. La mantenían a flote las poderosas corrientes del viento, de modo que atravesaba el firmamento casi sin tener que emplear la fuerza motriz de sus hermosas alas doradas.
—¡Qué ave tan elegante! —exclamó el águila en presencia de su vecino—. ¿Qué será?
—Es un águila, el ave más importante de todas. Pero tú ni lo sueñes. Jamás podrás llegar a esas alturas.
Así que el águila no volvió a pensar en eso. Y así murió, convencida de que era un simple urogallo.

Hay muchos de nosotros hoy convencido de una vida de derrota sufrimiento y dolor hay muchos de nosotros resignados al fracaso en el hogar en el trabajo. Jesús nos  llamo para darnos esperanza y cambiar nuestro destino levántate hoy declarando que la victoria es nuestra.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Filipenses 4:13

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Romanos 8:37
Jesús es el Rey.


Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Efesios 4:32

Un padre y su hijo, ambos españoles, se habían separado a causa de sus diferencias. El hijo había dejado el hogar y su padre salió a buscarlo. Durante meses intentó encontrarlo, pero no lo logró. Finalmente, en un último esfuerzo desesperado, el padre puso un aviso en un periódico de Madrid: «Querido Paco, encontrémonos frente a la oficina de este periódico el domingo al mediodía. Te perdono. Te amo. Tu padre». El sábado aparecieron ochocientos Pacos frente a la oficina, buscando perdón y amor de parte de sus padres.

Las personas no somos perfectas. Por eso Dios envió a su Hijo a la tierra, para perdonarnos nuestros pecados. Sin embargo, el perdón no termina allí. Eso es solo el comienzo. Mateo 6:14 dice: «Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial». La acción de perdonar no es fácil, pero la Biblia nos llama a dejar de lado nuestro orgullo y perdonarnos los unos a los otros.

¿Hay alguien en su vida que necesite de su perdón? ¿Hay algún familiar o amigo que necesita perdonarle? No hay mejor momento que el presente para enmendar esas relaciones.
Jesús es el Rey.


Atiende al consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio.

Proverbios 19:20

El fabricante de autos Henry Ford le pidió al genio de la electricidad Charlie Steinmetz que construyera los generadores de su fábrica. Un día los generadores dejaron de funcionar y los mecánicos no podían encontrar cuál era el problema. Ford entonces llamó a Steinmetz, que manipuló la maquinaria durante unas pocas horas y luego operó el interruptor. Los generadores volvieron a ronronear. Cuando Ford recibió una factura por $10.000 de parte de Steinmetz, se molestó bastante y le preguntó por qué cobraba tanto por unas pocas horas de trabajo. Steinmetz respondió: «Por juguetear con el generador le cobro $10. Por saber con qué partes jugar, cobro $9.990». Ford pagó la factura.

La sabiduría y el consejo sabio no tienen precio en nuestra sociedad de hoy. Hay muchas personas que quieren darnos su opinión, pero la Biblia es la guía suprema para obtener sabiduría. Hay un lugar en el que quizá no haya pensado usted: su iglesia local. La mayoría de las iglesias ofrecen servicios y programas de mentoría, consejería y la oportunidad de reuniones a solas con el pastor.

Tenga esto en consideración la próxima vez que deba tomar una decisión y esté confundido sin saber bien qué hacer. Proverbios 15:22 dice: «Cuando falta el consejo, fracasan los planes; cuando abunda el consejo, prosperan».
Jesús es el Rey.


Entonces me llamarán, pero no les responderé; me buscarán, pero no me encontrarán.

Proverbios 1:28

Una de las fábulas de Esopo presenta a un pastorcito que cuidaba a un rebaño de ovejas. En broma y para asustar a los aldeanos, gritó una y otra vez: «¡Lobo! ¡Lobo!», riéndose luego de los aldeanos que se apresuraron a venir en su auxilio. Cuando sucedió de veras que el lobo vino a atacar a su rebaño, el niño gritó pero fue ignorado. Su broma terminó siendo una trampa cuando la muerte llegó a su puerta.

Imaginemos que el pastorcito es una persona religiosa nominal, y que los aldeanos representan al Dios de las Escrituras. Hay personas que van por la vida como si vivir fuera un juego, entreteniéndose con la religión, y creyendo que cuando llegue el día del juicio Dios les salvará de la destrucción. Piensan en el evangelio cuando tienen un rato libre, cuando tiene tiempo o cuando surge alguna crisis en su vida, pero nunca se comprometen de veras a tener una relación salvadora con Cristo.

Si ha estado viviendo su vida en la periferia de la fe, no espere hasta el último día. Clame a Cristo con fe antes de que sea demasiado tarde. Mejor será llamar a Jesús mientras tiene aliento, y no cuando ya no pueda pronunciar su nombre.
Jesús es el Rey.


¡Que se alegren tu padre y tu madre!

Proverbios 23:25

Un maestro le pregunta a un niño:

—Supongamos que tu madre prepara un pastel y son siete personas en la familia: tus padres y cinco hijos. ¿Qué fracción del pastel te correspondería?

El niño responde:

—Un sexto.

—Veo que no has aprendido bien tus fracciones. Recuerda que hay siete personas —dice el maestro.

—Sí, maestro. Pero usted no conoce a mi madre. Mamá diría que ella no quiere comer pastel.

Una de las características más sorprendentes de una madre es su capacidad y disposición para sacrificar sus propios deseos en pos del bienestar de su familia. La palabra sacrificio significa renunciar a algo de gran valor en beneficio de algo que consideramos de mayor valor todavía. Ya se trate de un trozo de pastel o de parte de su valioso tiempo, las madres renuncian a lo que desean en beneficio de sus hijos. Sin embargo, este sacrificio no es en vano: hay grandes recompensas. Tener un corazón que sirve a otros es un tema importante que aparece a lo largo de la Biblia.

No hay mayor recompensa que la de cosechar los beneficios de renunciar a las necesidades personales en beneficio de otros. El compromiso, el sacrificio y la oración de una madre pueden ser el cimiento que inicie a sus hijos en un viaje junto a Dios durante toda la vida.
Jesús es el Rey.


⁠⁠⁠⁠⁠En una selva vivían tres leones. Un día el mono, el representante electo por los animales, convocó a una reunión para pedirles una toma de decisión.

Todos nosotros-dijo el mono- sabemos que el león es el rey de los animales, pero tenemos una gran confusión: En la selva existen tres leones y los tres son muy fuertes. ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia? ¿Cuál de ellos deberá ser nuestro Rey?

Los leones supieron de la reunión y comentaron entre sí:-Es verdad, la preocupación de los animales tiene mucho sentido. Una selva no puede tener tres reyes. Luchar entre nosotros no queremos ya que somos muy amigos…

Necesitamos saber cual será el elegido, pero, ¿Cómo descubrirlo?

Otra vez los animales se reunieron y después de mucho deliberar, le comunicaron a los tres leones la decisión tomada:

-Encontramos una solución muy simple para el problema, y decidimos que ustedes tres van a escalar la Montaña Difícil. El que llegue primero a la cima será consagrado nuestro Rey.

La Montaña Difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron para asistir a la gran escalada.

El primer león intentó escalar y no pudo llegar. El segundo empezó con todas las ganas, pero, también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado.

Los animales estaban impacientes y curiosos; si los tres fueron derrotados, ¿Cómo elegirían un rey?

En este momento, un águila, grande en edad y en sabiduría, pidió la palabra:

-¡Yo sé quien debe ser el rey! Todos los animales hicieron silencio y la miraron con gran expectativa.
-¿Cómo?, preguntaron todos.
-Es simple… dijo el águila. Yo estaba volando bien cerca de ellos y cuando volvían derrotados en su escalada por la Montaña Difícil escuché lo que cada uno dijo a la Montaña.

El primer león dijo: – ¡Montaña, me has vencido!
El segundo león dijo: – ¡Montaña, me has vencido!
El tercer león dijo: – ¡Montaña, me has vencido, por ahora! Pero ya llegaste a tu tamaño final y yo todavía estoy creciendo.

La diferencia, completó el águila, es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento.
Los animales aplaudieron entusiasmadamente al tercer león que fue coronado El Rey de los Animales.

No tiene mucha importancia el tamaño de las dificultades o situaciones que tengas. Tus problemas, por lo menos la mayor parte de las veces, ya llegaron al nivel máximo, pero no tú.

Tú todavía estás creciendo y el Señor en tí es más grande que todos tus problemas juntos.
Todavía no llegaste al límite de tu potencial y de tu excelencia.
La Montaña de las Dificultades tiene un tamaño fijo, limitado. ¡Tú todavía estás creciendo!

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
Romanos 8:18

Salmos 63:8 “Está mi alma apegada á ti: Tu diestra me ha sostenido”
Jesús es el Rey.


El que atiende a la palabra, prospera. ¡Dichoso el que confía en el Señor!

Proverbios 16:20

Un viejo marino se perdía en alta mar cada vez que navegaba, por lo que sus amigos le regalaron una brújula, urgiéndole a usarla. Cuando volvió a salir siguió este consejo y llevó consigo la brújula, pero volvió a perderse.

Finalmente, sus amigos le rescataron. Impacientes y molestos con él, le preguntaron: «¿Por qué no usaste la brújula que te regalamos? Podrías habernos ahorrado la molestia «.Y el viejo marino dijo: «¡No tuve coraje! Quise ir hacia el norte, pero por más que intentara hacer que la aguja apuntara en esa dirección, seguía apuntando al sudeste». El viejo marino estaba tan seguro de saber hacia dónde estaba el norte que intentaba con obstinación obligar a la aguja a obedecer su obcecada convicción. Al no poder hacerlo, la dejó de lado sintiendo que de nada valía, y así perdió la oportunidad de beneficiarse de su utilidad.

La Palabra de Dios es nuestra brújula. Úsela a diario para verificar que va en la dirección correcta. La obstinación y la excesiva ocupación pueden desviarnos de nuestro derrotero, pero la Palabra de Dios siempre está allí para volver a marcarnos el rumbo. No tema pedirle instrucciones a Dios.
Jesús es el Rey.


En la antigua Grecia Sócrates tenía una gran reputación de sabiduría. Un día vino alguien a encontrar el gran filósofo, y le dijo:

– ¿Sabes lo que acabo de oír sobre tu amigo?
– Un momento, – respondió Sócrates – antes de que me lo cuentes, me gustaría hacerte una prueba, la de los tres tamices.
– ¿Los tres tamices?
– Sí,- continuó Sócrates – antes de contar cualquier cosa sobre los otros, es bueno tomar el tiempo de filtrar lo que se quiere decir. Lo llamo el test de los tres tamices. El primer tamiz es la verdad. ¿Has comprobado si lo que me vas a decir es verdad?
– No, sólo lo escuché.
– Muy bien. Así que no sabes si es verdad. Continuamos con el segundo tamiz, el de la bondad. Lo que quieres decirme sobre mi amigo, ¿es algo bueno?
– ¡Ah, no! Por el contrario.
– Entonces,- cuestionó Sócrates – quieres contarme cosas malas acerca de él y ni siquiera estás seguro de que sean verdaderas. Tal vez aún puedes pasar la prueba del tercer tamiz, el de la utilidad. ¿Es útil que yo sepa lo que me vas a decir de este amigo?
– No, en serio.
– Entonces,- concluyó Sócrates – lo que ibas contarme no es ni cierto, ni bueno, ni útil; ¿por qué querías decírmelo?
Mejoremos nuestra vida y sociedad. Un fuerte abrazo.


Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.

Salmo 71:20,21.

Paola llegó, un día, con su vida hecha pedazos. Estaba embarazada, a los 18 años, y no sabía qué camino seguir: sus padres la habían expulsado de la casa, sus amigos le aconsejaban realizar un aborto y el novio no quería saber más de ella.
Fue en esas circunstancias que asistió a una cruzada evangélica, y entendió el plan maravilloso que Dios tenía para ella. Claro que ella no sabía. Hasta aquel día, había vivido como si Dios no existiese; tenía la impresión de que la religión era cosa para gente vieja. Pero, en el momento de dolor y de desesperación, acudió a una iglesia y descubrió que nada está perdido para los que confían en Dios.

Los años pasaron. Hoy, Paola está casada con un hombre cristiano, que cuida de su hijito como si ambos fuesen los padres. Con la ayuda del esposo, logró terminar sus estudios, y trabaja, como enfermera, en un gran hospital.

Emocionada, mira hacia atrás, y reconoce que realmente Dios la sacó de los abismos de la tierra. No te rindas ni desmayes antes las dificultades que se aglomeran delante de ti, hay esperanza confía en el Señor y di, como David: “Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darme vida, y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra. Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme”.
Jesús es el Rey.


Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo.

Colosenses 3:23

Hace años un producto comercial para autos que se publicitaba en la televisión decía: «Puede pagar ahora o más adelante». La idea era que tenía más sentido pagar por un cambio de aceite ahora, y no por un motor nuevo en el futuro. No hace falta pagar dos veces: por un cambio de aceite y por un motor rectificado. Uno paga una sola vez, y elige cuándo y cuánto pagar.

Hay un aspecto de este tema que es consistente con la enseñanza de Jesús sobre las recompensas por la fidelidad en la vida espiritual. En esencia, Jesús dijo: «Serán recompensados por sus acciones espirituales, pero una sola vez. Pueden obrar para los hombres y obtener su recompensa de parte de ellos, u obrar para Dios y obtener su recompensa de parte de él». Es decir: «Obtengan su recompensa ahora o más adelante. Ustedes deciden».

¿Por qué elegiría alguien renunciar a la riqueza eterna de la recompensa de Dios a cambio de las recompensas temporales de los hombres? El elogio, la notoriedad, la gloria y la fama son cosas que nos tientan e inducen a trabajar para el hombre y a recibir una recompensa inmediata. Pero mayor es la motivación de trabajar solo para Dios, con la idea de ser recompensado solamente por él, con recompensas que jamás se desgastan.

Recuerde, solo se nos recompensará una vez. Elija la recompensa que más dure y más signifique: la recompensa que viene de Dios.


Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos.

Se le olvidaron los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: “El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa.

En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto”.

El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: “Querido, – estás mirando un espejo!!!”.

Muchas veces nuestras propias faltas, las cuales tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás. Debemos mirarnos en el espejo más a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor moral de corregirlas; es más fácil de negarlas que reconocerlas. Por eso es necesario hacer a un lado el orgullo pues solo con humildad podremos ver nuestros defectos y corregirlos.

“El que encubre sus faltas no prosperará, más el que las admite y se aparta alcanzará misericordia. Proverbios 28:13″
Jesús es el Rey.


Con cada fósforo que encendían, mayor era la exaltación. El pequeño chisporroteo inicial, y luego la llamita amarillenta, hacían brillar los ojos. Para los cuatro niños era un juego apasionante.

A fin de aumentar el efecto, los niños se metieron en el guardarropa grande del dormitorio de los padres. La oscuridad hacía brillar más la luz de los fósforos, y allí encendieron los cerillos.

En muy poco tiempo ocurrió lo inevitable. El fuego pasó a la ropa colgada y pronto todo estuvo envuelto en llamas.

Fue tan intenso y rápido el incendio que no hubo tiempo para escapar.

Unos vecinos advirtieron el humo que salía por debajo de las puertas. Pero Josué, de cuatro años; Jesse, de tres; José, de dos; y Jeremías, de uno; más el tío de los niños, José Arriola, de veintiún años, murieron en el incendio. ¿Por qué tuvieron que sufrir esta horrible tragedia? Por jugar con fuego.

Jugar con fuego. La frase se ha hecho proverbial. ¿Cuántas personas no juegan con fuego? Y aunque por algún tiempo escapan a las consecuencias, a la larga el desastre siempre se produce.

El elegante y próspero hombre de negocios, de gran prestigio social, que se propone conquistar a su secretaria, juega con fuego. El incendio está a la mano y el desastre es inminente. Matrimonio, hogar e hijos tarde o temprano quedan destruidos.

La mujer joven y bella, madre con varios hijos, que se deja cortejar por un hombre guapo, también juega con fuego. En poco tiempo se queman ella y toda su familia. Bien lo dice el refrán: “El hombre es fuego, la mujer estopa; viene el diablo, y sopla.”

La gran verdad es que nunca se debe jugar con fuego. El incendio siempre anda cerca de la persona que ha puesto a un lado sus convicciones. Esa persona, sea quien sea, por jugar con fuego, se quema.

Por eso dice el sabio Salomón: ¿Puede alguien echarse brasas en el pecho sin quemarse la ropa? ¿Puede alguien caminar sobre las brasas sin quemarse los pies? Pues tampoco quien se acuesta con la mujer ajena puede tocarla y quedar impune. (Proverbios 6:27-29).

Sólo Jesucristo nos da la fuerza moral y la firmeza de voluntad para huir de todo fuego sensual. Sólo Él nos dota de una moral firme y sólida, capaz de resistir las tentaciones de nuestra naturaleza pecaminosa. Cristo es nuestra única seguridad.
Jesús es el Rey.


Guíame, Señor, por tu camino.

Salmo 27:11

La aldea de Clifton Springs está ubicada en el distrito de Finger Lakes, en Nueva York, y es conocida por sus ondulantes colinas y sus tranquilas aguas. En 1849, el Dr. Henry Foster, un dedicado cristiano, llegó a este lugar buscando dónde practicar la medicina. Sentía que muchas personas cansadas y enfermas podían ser restauradas a la vida activa mediante la combinación del tratamiento físico y espiritual. Desde todo el mundo comenzaron a llegar personas a su Sanatorio de Clifton Springs con el fin de recuperar la salud.

Después de que el Dr. Foster muriera, los visitantes al sanatorio solían preguntarle a su colega cuál era el secreto de la vida y la sabiduría de este hombre. El Dr. Foster había demostrado tener una inusual comprensión de los caminos y la voluntad de Dios. El colega del médico llevaba a los visitantes a la oficina que ocupara el Dr. Foster en el primer piso, y señalando dos agujeros en la alfombra hechos por las rodillas del médico, decía: «Ese era el secreto del poder y la sabiduría en cuanto a las cosas de Dios y del hombre que poseía Henry Foster».

Dios a menudo nos imparte su voluntad en una atmósfera de oración. La guía de Dios no suele venir en medio de una carrera. Debemos esperar ante el Señor hasta que él nos enseñe sus maravillosos caminos.
Jesús es el Rey.


Una historia cuenta que un estudiante universitario salió a dar un paseo con su profesor, quien por su bondad era considerado como un buen amigo por sus alumnos.

Mientras caminaban, vieron un par de zapatos viejos, pensaron que seguramente pertenecían a un humilde trabajador del campo de al lado, que estaría a punto de terminar su jornada.

El alumno dijo al profesor: “Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre”.

Mi querido amigo – le dijo el profesor – nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y en lugar de burlarte, pudieras darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre. Así lo hizo y luego ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.

El hombre pobre, terminó sus tareas y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y abrigo. Cuando se puso su zapato, notó que había algo adentro, se agachó para ver qué era y asombrado comprobó que se trataba de una moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, la dio vuelta y la volvió a mirar. Luego observó a su alrededor, para todos lados, pero como no veía a nadie, la guardó en su bolsillo. Luego se puso el otro zapato y su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta. Su situación era desesperante, no contaba con ayuda, su esposa estaba enferma y sus hijos no tenían para comer. Con un gran sentimiento de gratitud reconoció que gracias a una mano desconocida, finalmente no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas. Ahora, dijo el profesor ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?

El joven respondió: “Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no comprendía: es mejor dar que recibir”.

La sencilla lección que le dio este maestro a su estudiante no sólo impactó la vida de este joven, sino que ayudó a toda una familia que pasaba necesidad. Con dos monedas, entregadas de forma anónima la vida del campesino sufrió un gran impacto.

A veces pensamos que para ayudar a alguien debemos tener mucho dinero o simplemente nos pasamos la vida esperando que llegue “la persona correcta” o el “momento oportuno” cuando en realidad, siempre es el momento oportuno para hacer una buena acción. Y aunque no lo veamos, ayudar a una persona podría significar mucho mas que eso, porque podría estar beneficiando a una familia y por supuesto, a nosotros también al realizar una buena acción.

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”. Hechos 20:35

Antes de reírte de alguien por su situación, busca la manera de ayudarlo, podría ser que esté pasando por un momento muy sombrío y sea Dios quien te utilice para bendecir esa vida.
Jesús es el Rey.


 

El martillo del juez cayó con golpe seco y definitivo.

Toda la sala esperó en suspenso el veredicto. «Son dos años de prueba —dictaminó el magistrado— y una fianza de tres mil dólares.» La acusada gimoteó un poco, pero empezó a buscar en su gruesa cartera el dinero que le permitiría salir en libertad.
La acusada era Maybelle Cauthen, una anciana de ochenta y tres años, arrestada por vender un paquete de marihuana por veinticinco dólares en Georgia, Estados Unidos. Al retirarse de la sala, el juez le dijo: «Mire mucho cómo camina, señora; no le queda mucho tiempo para cambiar de vida.»
He aquí una frase que nos obliga a pensar. Aunque no estemos vendiendo marihuana, ni seamos culpables de ningún otro delito, ni tengamos ochenta y tres años de edad ni estemos enfermos y en peligro de muerte, nunca tenemos demasiado tiempo para cambiar de vida.
Porque ¿quién tiene la vida comprada? ¿Quién es dueño de sus días y sus años para disponer de ellos a su antojo? ¿Quién puede decir: «No necesito cambiar de vida ahora, pues tengo mucho tiempo por delante»?
Nadie sabe qué pasará el día de mañana. Mañana un accidente puede ocasionarnos la muerte instantánea. Mañana un derrame cerebral puede dejarnos anulados para toda la vida. Mañana puede ocurrir un terremoto. Mañana puede venir el Señor Jesucristo, y ya nadie tendrá oportunidad de cambiar de vida.
La anciana Cauthen era reincidente en su delito. Había hecho de la venta de marihuana un medio de vida. Se sentía impotente de cambiar. Cuando el juez pronunció esas palabras, ella se detuvo un momento, lo pensó, y luego meneó la cabeza y salió de la sala. No estaba segura de poder cambiar de vida a los ochenta y tres años.
Sin embargo, sí es posible cambiar de vida a cualquier edad. Claro es que cuanto más viejo uno se pone, más duro se vuelve. Pero la gracia de Dios es perfecta, y aún a los cien años un pecador puede arrepentirse, recibir la gracia salvadora y cambiar de vida al reconciliarse con Dios.
Hoy es posible cambiar de vida para cada uno de nosotros. Hoy es posible, por la fe en Cristo, iniciar una vida nueva. Hoy es posible hallar el perdón, la reconciliación y el nuevo nacimiento. Cristo espera nuestra decisión. ¿Qué esperamos nosotros?

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
2 Corintios 5:17

Jesús es el Rey.


Al instante dejaron las redes y lo siguieron.

Mateo 4:20

Cuando la escritora, congresista y embajadora Clare Booth Luce tenía setenta y cinco años, le preguntaron si tenía algo que lamentar. Ella dijo: «A veces despierto en mitad de la noche y recuerdo a una amiguita mía de la infancia que tenía un tumor cerebral y que me llamó tres veces para que fuese a visitarla. Yo siempre estaba muy ocupada, y cuando murió sentí una profunda vergüenza. Todavía recuerdo eso, aunque han pasado ya cincuenta y seis años».

¿Hay algo que haya estado postergando, y que cuando pase la oportunidad, puede lamentar no haberlo hecho? El postergar el servicio a los demás es una espada de doble filo… ¡porque no solo dejamos de dar bendición sino que también nos perdemos la bendición que viene cuando bendecimos a otros! En lugar de dar como resultado una doble bendición, la postergación nos deja sin bendición alguna.

Cuando Jesús llamó a sus discípulos y los convocó a seguirle, los doce dejaron sus redes «al instante» para ir con él. Más tarde, otros dijeron: «Primero déjame… [hacer tal o cual cosa importante]» (Lucas 9:59-61). ¿No adivina quién terminó cambiando al mundo y recibiendo bendición durante ese proceso? Si Dios ha puesto ante usted una oportunidad para servir, no deje de aprovecharla, de bendecir y recibir bendición al mismo tiempo.

Recuerde, hoy es el día en el que pensaba usted ayer cuando decía: «Lo haré mañana».
Jesús es el Rey.


Registra mi llanto en tu libro. ¿Acaso no lo tienes anotado?

Salmo 56:8

Se cuenta una historia apócrifa acerca de la filmación de la legendaria película El puente sobre el río Kwai. El director preparaba la épica toma de una locomotora y un tren que caían desde un puente dinamitado al abismo del acantilado y el río que fluía debajo. Se asignaron tres cámaras para filmar la escena. Después de la toma, el director se comunicó por radio con cada uno de los operadores. «Lo lamento, señor, mi cámara se atascó», dijo el primero. «No quité la tapa de la lente «, dijo el segundo. El director casi se desmaya cuando el tercero exclamó: «¡Estoy listo! ¡Cuando quiera, director!».

Cuando las oportunidades son únicas, los detalles cuentan. Ni siquiera el entusiasmo puede compensar la falta de atención al detalle. La cultura moderna suele decir: «El diablo está en los detalles». ¡No es así! Es nuestro Dios el que está obrando aun en las partes menos importantes de nuestras vidas.

Daniel el profeta lo descubrió cuando Dios le mostró una visión de la historia mundial: «Habrá siete semanas … Después de eso, habrá sesenta y dos semanas más» (Daniel 9:25). No ocho y sesenta y tres, o seis y sesenta y una. Dios conoce cada detalle del pasado, del presente y del futuro del mundo, y también de su vida. Cuenta sus lágrimas y conoce la cantidad de cabellos que hay en su cabeza. ¡Qué reconfortante es saber que Dios no pasa por alto ningún detalle!

Debido a que Dios está en los detalles, siempre está listo para el momento en que usted lo esté Dios esta pendiente de usted aun donde usted no le puede sentir llamele con el corazón .
Jesús es el Rey.


Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis pensamientos, oh Señor, roca mía y redentor mío.

Salmo 19:14

En 1996, Manila, la capital de Filipinas, sufrió un brote de cólera debido a la proliferación de moscas y cucarachas. El alcalde anunció una recompensa para el que trajera a estos bichos vivos o muertos, y los ciudadanos recogieron miles, recibiendo su paga al instante. Las autoridades sanitarias sabían que se podían prevenir grandes problemas si se atacaba las causas más pequeñas.

Esta interrupción del brote de cólera era un ejemplo de lo que es la ley de la cosecha: sembrar algo diminuto para cosechar un gran beneficio. Así como se salvó una ciudad recogiendo insectos diminutos, un pensamiento pequeño en nuestra mente puede dar como resultado cosas grandiosas. Por eso Proverbios nos indica: «Por sobre todas las cosas cuida tu corazón… [y] aparta de tus labios las palabras corruptas» (4:23 24).

Los pensamientos y las palabras son potentes. Aquello en lo que meditamos, y lo que decimos, puede causar un gran bien o un tremendo daño. En la Biblia, el cristiano tiene acceso a las palabras de vida más potentes que se hayan escrito, palabras que pueden renovar la mente. Asegúrese esta semana de pasar un tiempo sembrando semillas en su mente que den fruto divino en su vida.

Los peores actos de la historia comenzaron con un pensamiento pequeño, que al no verse impedido dio como resultado una horrenda cosecha de destrucción.
Jesús es el Rey.